Un discurso más (+)

Un discurso más (+)
Por Martín Alvarez López.

¿Cómo podemos definir a todos aquellos que, en la actualidad, aún recurren al lenguaje escrito chat para todo tipo de comunicaciones escritas? Algunos los llaman ‘amixer’; otros, simplemente, como Vargas Llosa: “monos”; sin embargo, ¿qué decimos cuando una persona ingresa a una nueva comunidad del lenguaje y aprende de esta? ¿Lo desterramos como hijo no digno de la buena pluma o aceptamos que está utilizando un discurso más del día a día?

Creo que aún no comprendemos la realidad del problema; aunque a veces prefiero no llamarlo problema, sino aquel universo de ideas que simplemente ha encontrado un mejor filtro por donde poder expresarse.

Temas como la creatividad o el juego al momento de poder encajar una palabra reducida en situaciones determinadas, son movimientos y características que pertenecen al día a día, dependiendo la situación comunicativa en la que nos encontremos.

Si tomamos como ejemplo la comunicación oral entre las personas y la trasladamos al tema escrito, tendríamos lo siguiente:

  • En mi casa: “Ma’, ¿qué hiciste de almuerzo?”
  • En la calle con mis amigos: “Oe, ¡vamos  a jugar play!
  • En la universidad con mis amigos: “Habla, vamos al ‘hueco’. ¿Tú dirás?
  • En la universidad con mi profesor: “Profesor, qué tal. ¿Cómo le va?
  • Al exponer un trabajo en la universidad: “Considero que lo propuesto hasta ahora mantiene un proceso que, a lo largo de los años, viene siendo relevante para el público que es objeto de análisis…”
  • En el chat: “k en la tarde?? Xd!!! No se ahhhh…puede cher. Ya pe…esa es!

Si revisamos los ejemplos, no existe nada fuera de lo común en cuanto a oralidad que es representada gráficamente. Ahora, si tomamos en cuenta el ‘ejemplito’ del chat, para empezar, diríamos que apela una oralidad tal cual; que la X y la D nos indica cierto gesto que acompaña a la pregunta, como si fuera una posible gestualidad hecha dentro de una comunicación oral entre persona y persona (ícono); y que los signos de interrogación como de admiración son utilizados con el mismo tono inquisitivo y de sorpresa.

Entonces, ¿por qué se sigue satanizando a este tipo de comunicación si al final lo que busca es hacerse entender como cualquier medio? Definitivamente las reducciones de palabras como la representación de gestualidades no es parte de aquella norma que nos indica cómo debemos escribir, a pesar de que esta ya se utilizaba en silabarios micénico e hitita.

Con esto no pretendemos que nuestros alumnos se subleven, por así decirlo, hacia una redacción de ‘arrobas, eñes y emoticones’, dado que la situación comunicativa que se trata de enseñar está sujeta a “una redacción que le rinde cuentas a la norma”; lo que sí sería interesante es que se explique todo este universo y se haga hincapié de que se trata tan solo de un discurso más (+) del diario, y no de algo que pretende romper con el lenguaje.