Lágrimas de venganza.

Lágrimas de venganza.
Por Roxana Mendoza

 

Indignación. Eso fue lo que sentí al ver Atacada el día de ayer. Sabía que la protagonista era Erika Villalobos y el director su esposo, Aldo Miyashiro; la verdad quería verla, pero fui con ese pensamiento de que sería la típica historia de una chica a la que violan y luego meten preso a quien lo hizo. Pero no, desde que entré a la sala y empezó la película, me enganché muy rápido, no solo por lo fuerte de las escenas, que la verdad me impactaron muchísimo, sino también por lo real que todo esto era. Situaciones que se suelen dar en la vida real a diario y que muchos pasamos por alto.

Fue rabia lo que sentí y por un momento también indefensa. ¿Cómo alguien puede golpear a una mujer, violarla, abandonarla y luego querer comprar su silencio? Y es que todo eso pertenece a una acción “normal” de nuestra sociedad; en las noticias lo vemos, nos lo cuenta una amiga, una tía que llega a visitar la casa, lo vemos hasta en las series. Realmente se dan de esta forma, tan indignante y fría. No hay sentimientos pues creemos que el dinero puede comprarlo todo y que nuestra dignidad tiene un precio. Pero más rabia da que la gente se deje comprar y sea capaz de mentir y negar la justicia a alguien solo por incrementar si billetera.

Traición, pérdidas, engaños y abandono… tan solo por mencionar algunas de las cosas que Andrea tuvo que pasar. Qué injusta puede ser la vida para una mujer que ha sido agredida -de cualquier manera- y no tener los recursos económicos suficientes para poder defenderse. ¿De eso se trata? ¿El que tiene más dinero es el que siempre saldrá ganando?

Una película bien hecha, limpia, clara y detallista. Cada actor muy bien metido en su personaje, tan reales, tan humanos, llenos de errores, que te dejan pensando en cómo somos realmente, cómo actuamos ante una situación de abuso a otra persona, qué callamos, a las tantas cosas a las que nos hacemos ciegos y sordos porque no es nuestro problema, pero cuántas mujeres sufren y nadie hace nada. Qué con unos simples años en la cárcel, no valen para el dolor que pueden dejarle a una mujer ante una violación y el dolor a todos los que la rodean.

Pienso que fue necesario que Miyashiro plasmara la película como realmente actuamos, con escenas fuertes que te chocan, para así hacer un cambio en nuestro país, hacer justicia ante las miles de mujeres que sufren de abusos. No necesariamente llegando a los altos cargos judiciales, sino empezando por nosotros mismos, quienes somos los que realmente podemos marcar la diferencia cuando se trata de abusar. A quien sea.

Indignación. Con ese sentimiento sales de la sala. Definitivamente no esperaba tanto. Estuve a punto de llorar, me reí también, sentí rabia, pena, impotencia, decepción… Esta película te deja pensando en muchas cosas, el abuso de poder que tienen algunas personas, la injusticia por parte de la ley y cómo es que muchas personas pisotean al que no tiene y en este caso una mujer, que puede ser tu madre, tu hermana, tu hija…

Pero la venganza llega, tarde o temprano. Sentí justicia para ella y para todas las mujeres que en algún momento han sido maltratadas; la violencia no se resuelve con más violencia, pero ahí vemos la garra que tiene una mujer cuando ha sido atacada.