La vida entretenido

La vida entretenido
Por Manuel Eráusquin para el portal El Montonero

 

Cada edad ofrece distintas posibilidades de esparcimiento para así evitar la asfixia de la rutina. De niños los juguetes son los eternos y fieles compañeros  de ruta. Desde los simples, como los infaltables soldaditos, hasta los sofisticados videojuegos de estos días. El skate y la bicicleta eran herramientas para el juego de tipo colectivo, la oportunidad de salir a la calle y descubrir el mundo exterior. Un avance esencial en el desarrollo y el encuentro con la libertad. Así uno aprendía a desplazarse más allá de la panadería del barrio. Se empezaba a cruzar fronteras.

Esas fronteras geográficas también se complementaban con las imaginarias. Había formas de transitar otros mundos  y en esos viajes mi madre tuvo mucha influencia. Todos los domingos era conducido al cine. Sin querer empezaba a ser aleccionado en el séptimo arte con rigor académico, porque me entretenía y conforme transcurrían los años todos esos rostros de personajes y actores quedaban registrados en mi memoria sin esfuerzo. Y claro, las bandas sonoras, especialmente las épicas. Por ejemplo, La guerra de las galaxias, Superman, Indiana Jones y la música representativa de James Bond. Sin embargo,  de todas las películas de la saga del espía inglés, los temas destinados paraVive y deja morir o La espía que me amó, quedaron grabados en piedra. Escuchar esas canciones es un viaje en el tiempo. Y eso lo agradezco.

En este tránsito de aprendizaje el fútbol también cumplió su rol protagónico y algunos domingos el cine tenía que esperar. La “U” contra el Cristal o el clásico de los clásicos: La “U” contra Alianza Lima. Tardes de fútbol que no solo me enseñaron a gritar gol, sino a elegir -en este caso un equipo- y a defender esa elección, esos colores, con honor en las buenas y las malas. Luego, vino la selección y viví la alegría de la clasificación a España 82. Después de este mundial para nosotros los peruanos, solo quedó la frustración.

Igual, se siguió avanzando en esta vida y llegaron los libros. La lectura se fue convirtiendo en un hábito amable, jamás tirano o dogmático. Leía todo, historia, literatura y comics. El periódico tuvo su mérito y aparte de las páginas deportivas, me enteré que había otros ámbitos. En todo caso, todo aquello vinculado a la lectura se presentó con afecto y se quedó para no irse.

La mente se abrió y se entendía lo que fue la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos en Vietnam o la Guerra Fría. Los programas periodísticos de los domingos surtían más información de coyuntura y antes de dormir para descansar y afrontar el colegio uno se enteraba qué ministro metía la pata o quiénes eran los de Sendero Luminoso y quién tenía la culpa de la escasez de leche o de la importación de carne podrida. Mejor enterado imposible.

Mucha información, una vida entera. Pero llegó de manera progresiva y natural. Las herramientas estaban al alcance: una biblioteca en casa que se fue construyendo poco a poco, salidas al cine, tardes de fútbol, libros recomendados por amigos y las vivencias de infancia o adolescencia que moldearon el carácter. Y una familia que siempre estuvo cerca, esperando lo mejor.

*Nota publicada en portal El Montonero