La locura de los fanáticos

La locura de los fanáticos
Por Manuel Eráusquin para Exitosa Diario

 

Así como uno aprende de chico a comer, a vestirse o a saludar cuando uno se encuentra con alguien, es esencial que se aprenda a discrepar, a discutir para promover la expansión de las ideas. Fácil no es, la tentación de la intolerancia es gigante. Muchos utilizan su posición de poder para cerrar los ojos y los oídos: no quieren ver ni escuchar, solo imponer su voluntad. No interesa si tienen que someter a los demás utilizando la prepotencia. Y en algunos casos, como el de los periodistas del semanario satírico Charlie Hebdo, no importaba si había que jalar del gatillo y acallar sus voces.

Las balas que arrebataron las vidas de estos periodistas no solo provienen de personajes simplemente radicales, sino de seres que sienten asco por lo diferente, por todo aquello que no se oriente dentro de sus carriles fundamentalistas. Que las ilustraciones de Charlie Hebdo eran concebidas desde una visión mordaz, nadie lo niega. Sin embargo, ellos respondían a un espíritu crítico, que cuestionaba no a la religión islámica, no al profeta Mahoma: criticaba y se burlaba de aquellos fanáticos que derraman sangre en nombre de una fe.

Y claro, no han faltado voces que han expresado que ellos se buscaron su muerte. Que provocaron a los islámicos radicales por faltarle el respeto a su religión. Habría que señalar que esos colegas desde el humor, identificaban las miserias de estos asesinos dogmáticos. Que ellos iban a pelear a la batalla de las ideologías premunidos con lápices en mano. Los otros, los asesinos dogmáticos, echaban mano de balas y muerte. Esa es la gran diferencia. Ahora, es importante esperar que no haya reacciones irracionales contra la comunidad islámica en Francia y en toda Europa, ellos, los hombres y mujeres musulmanes de bien, también lloran esta tragedia.

 

*Nota publicada en Exitosa Diario 10/01/15