La gloria a la vuelta de la esquina

La gloria a la vuelta de la esquina

Columna escrita por Manuel Eraúsquin para portal de opinión ElMontonero.pe 

El mundial de México 86 tuvo en la magia de Maradona la esencia de su esplendor. No hubo otro jugador que demostrara ser tan definitivo en su talento futbolístico. Ni Platini, Rummenigge o Butragueño-todas grandes estrellas- consiguieron una consagración definida por lo absoluto en ese torneo. Y esa final entre Argentina y Alemania disputada en el estadio Azteca que culminó con el triunfo argentino por 3-2 contra los alemanes, convocó a una nueva rivalidad entre selecciones. Un clásico internacional que se juega mordiendo y también llorando. Quizás porque ambos lo sienten así y no puede ser de otra manera. O quizás porque la pasión en este deporte es tan encendida que dos grandes equipos no pueden permitirse la frialdad ni la obscenidad del simple cálculo. Juegan por sus colores y su gente. Razones suficientes para dejar la vida en el verde césped.

Así lo han entendido y lo han demostrado argentinos y alemanes. La final de Italia 90 los volvió a enfrentar y el conjunto europeo se impuso 1-0 con un gol de penal en el epílogo del cotejo. A diferencia del mundial mexicano, los albicelestes no tuvieron potencia ofensiva y tampoco a un Maradona en toda su plenitud. Las lesiones los perseguían y nunca pudieron presentar un equipo entero físicamente, solo hubo chispazos de una grandeza que poco a poco se iba extinguiendo. Pero les quedaba el corazón, que no es poco, y buscaron trancar el vendaval teutón. Casi lo logran, pero un penal-discutido hasta hoy por los argentinos- cobrado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal a los 84 minutos elimina todo posibilidad a que sigan soñando. El defensor Néstor Sensini había derribado en el área al delantero Rudi Voeller. La sentencia máxima fue inapelable: los argentinos no lo asimilaron y condenaron al árbitro como vendido por siempre.

Andreas Brehme ejecutó con maestría el penal y el gran atajador Sergio Goycochea-héroe en el partido de semifinales donde eliminaron a Italia en penales-solo pudo contener su frustración. Luego de eso, la oscuridad para los argentinos. Maradona con lágrimas en los ojos expresaba su desdicha de no haber podido retener el título. Los alemanes triunfantes alzaban la copa del mundo. El técnico Franz Beckenbauer-capitán y campeón del mundo en 1974-consagra a jugadores como Klinsmann, Voeller y Matthäus. La venganza del 86 estaba cumplida. Ahora, este domingo 13 de julio veremos si Argentina se puede sacar la enorme espina del 90. Las apuestas han empezado a correr en todo el mundo. Alemania se muestra como la favorita, pero todo se define en la cancha. Lo demás queda en el mundo de las especulaciones, que muchas veces mueren frente a una realidad cruda e inapelable.

Es cierto que Alemania ha tenido partidos superlativos, como el triunfo de 4-0 sobre Portugal. Pero han tenido encuentros duros que han dejado algunas dudas, como el empate con Ghana de 2-2-primera rueda – o su triunfo de 2-1 contra Argelia-octavos- en el alargue. Argentina por su lado ha hecho lo imposible por armar un colectivo sólido sobre la marcha. Su primera rueda no convenció mucho, recién en octavos mostraron mayor seguridad en defensa y convicción ofensiva. Dejaron atrás a Suiza, Bélgica y a Holanda en una definición por penales. El arquero Romero es el nuevo Goycochea. Sus manos estuvieron benditas y en Argentina hoy todos lo aman.

Las apuestas corren a favor de los alemanes, pero los argentinos tampoco es que llegan rengos como en el 90. Llegan precavidos, con la fe en Messi y con el corazón entero. No es poco para jugar una final, más bien es bastante. Ahora, nada está dicho fuera de la cancha. El triunfo se construye con goles y estoy seguro que ambos aspiran a la inmortalidad deportiva, algo que no se consigue con plata. Se consigue con hambre de gloria. Nuestros futbolistas deberían pensarlo.