El año del selfie

El año del selfie

Por Augusto Ayesta @augustoayesta

Si bien el diccionario Oxford lo eligió como la palabra del 2013, parece que este es el año del selfie, gracias, en parte, al tuit de Ellen DeGeneres durante la entrega de los premios Oscar, que se  convirtió en el primero en superar el millón de retuits y a la vez en el más retuiteado de la historia de esa red social. Esta simple foto, producto de una costosa estrategia de promoción de Samsung, sobrepasó ampliamente al tuit “four more years” del presidente de EE.UU. Barak Obama, luego de su reelección en noviembre de 2012.  Más tarde, en agosto de 2013, el Papa Francisco también hacía noticia con un selfie publicado en la cuenta del periodista italiano Fabio M. Ragona.

Aquí en el Perú, el selfie ha inspirado a varios. Ya vimos a un grupo de parlamentarios haciéndose uno en el Congreso de la República. Los realities juveniles  Esto es guerra y Combate también tienen los suyos. Y tampoco se han quedado atrás equipos de futbol como Cristal, ni los medios digitales, donde podemos encontrar recomendaciones para tomar buenos selfies. Incluso, se han convertido en tema de conversación en programas periodísticos.

Por si fuera poco, solo del término selfie existen más de 83 millones de fotografías etiquetadas en Instagram y más de 27 millones de resultados en Google, sin contar todas las variaciones posibles del término.  Y es que con el selfie, fácilmente mostramos nuestro lado más extrovertido a través de las redes sociales de Internet. Sin embargo, es una de las construcciones más controladas y mediadas que podemos hacer de nosotros mismos, dada la intermediación tecnológica necesaria para realizarla (controlamos el entorno, efectos, filtros, texturas y colores de la foto, entre otros detalles).

El selfie nos ayuda a definirnos y presentarnos ante los demás como únicos e irrepetibles y, en muchas ocasiones, como una versión mejorada de nuestro propio yo; es decir, una especie de promesa que busca ser auténtica pero atrayente a la vez para nuestros contactos de las redes sociales. De esa forma, cuando la relación pase de lo digital a lo presencial, cumpliremos esa promesa, que será contrastada por las fotografías y contenido que otros usuarios publiquen sobre nosotros en la red.

A pesar de tener más de doce años de empleado, fue recién a fines de 2013 que la Fundación del Español Urgente (Fundéu) incorporó el selfie a su sitio web, recomendando en su lugar el uso del término autofoto, que puede sustituir adecuadamente al anglicismo selfie. Además, precisa que también podemos usar la palabra autorretrato, que sí está en el diccionario de la RAE.  Sin embargo, creo que todos estamos más familiarizados con la voz en inglesa, tal y como aparece en el diccionario de Oxford.

Sea como fuere,  los selfies o autofotos ya forman parte de la construcción de nuestra identidad en el entorno digital. Nunca fue tan fácil y rápido representarnos a nosotros mismos. Lejos quedaron los autorretratos de Durero o Van Gogh. Ya no hay más pinceles,  sino megapíxeles, filtros y redes sociales para compartirlas. Es el encanto de lo inmediato, de la captura y modificación del momento. Tal vez esa sea la magia que nos envuelve y nos hace autorretratarnos a cada instante.

Nota publicada en columna Cable a Tierra para el diario La República / Imagen: http://blogof.francescomugnai.com/